'El último invitado', un libro al que te querrías ir de vacaciones - Trini Vergara

Somos lo que quieres leer

Se cuentan por decenas los libros inspirados en lugares para visitar durante las vacaciones. Y son muchos más los que tienen la capacidad de hacernos viajar a tierras lejanas e incluso inhóspitas. Si quien crea la historia se da maña, hasta puede conseguir que los lectores y las lectoras respiremos atmósferas especiales.  

Pero quedémonos con la primera afirmación porque eso fue lo que le ocurrió a Megan Miranda cuando decidió escribir El último invitado.  

A diferencia de otras ocasiones en que esta autora bestseller arrancó su historia con un personaje, o con una relación que luego desarrolló junto a una idea, para ambientar el thriller psicológico que nos ocupa, se inspiró primero en un lugar que frecuentó durante su niñez y juventud: una pequeña localidad de la costa de Maine. 

El eje central de la novela es la compleja relación de amistad entre dos chicas, Sadie Loman y Avery Greer. Ambas proceden de mundos muy diferentes. La primera pertenece a una familia adinerada que regenta un negocio inmobiliario dedicado a alquilar casas a veraneantes en dicha localidad costera; la segunda, trabaja en la empresa del padre de Sadie gestionando los alquileres.  

Sadie Loman aparece muerta una noche en extrañas circunstancias. Ella asistió a la fiesta celebrada en una de las casas de veraneo de la familia en la que también coincidieron familiares y amigos. Todos ellos se convierten en sospechosos cuando cobra fuerza la idea de que en realidad pudo tratarse de un asesinato. Avery Greer también está en el punto de mira de la policía, pero ella emprende sus propias pesquisas para averiguar qué ocurrió en realidad esa noche.  

La investigaciones de Avery corren en paralelo con el descubrimiento de algunos detalles del pasado oculto de su amiga. Con la muerte de Sadie, el lector enseguida desecha la idea de estar asistiendo al final de una relación tóxica entre las dos jóvenes. Lo que verdaderamente va a impactarle es la sospecha constante de que los miembros de la familia Loman parecen odiarse, y cómo ese sentimiento les lleva a ocultar secretos que se vuelven inconfesables.  

«Quería explorar diferentes perspectivas del mismo lugar. Me interesaba el contraste entre los de adentro (los personajes que viven allí todo el año) y los de afuera (los que visitan el lugar durante el verano). Pero a medida que avancé en la historia, me di cuenta de que uno de los personajes, Avery Greer, encarnaba ambos lados de esa ecuación: es alguien que creció como una persona de adentro, pero que ahora se siente como una extraña», afirma Miranda

Aviso a navegantes: Que nadie espere encontrar una guía turística en El último invitado; lo que abundan son pistas, no fácilmente identificables al principio, por cierto, pero todas ellas cobran sentido cuando al final de la historia se revela todo. El viaje habrá valido la pena.